La tarde comenzó en la recoleta plaza de las Cofradías. Una vez que llegamos todos, comenzamos a fajarnos uno a uno, las risas y las bromas hacían presagiar una tarde inolvidable para todos, pero no ocultaban los nervios. Llegada la hora, nuestra comitiva partió hacia el Templo de los Santos Mártires, miradas inquietas, saludos a los mayordomos, capataces y junta de gobierno y esperar el momento en que nos sumergiésemos en el pequeño barco que haría navegar a San Ciriaco y Santa Paula por las calles de su querida ciudad.
Las 19:30, se abren las puertas y suena la marcha, debajo una oración antes de comenzar la procesión y a continuación la campana nos anuncia que ha llegado el momento. Poco a poco y casi sin moverse, comienza a salir el paso, -¡sin mecer!- se oye desde fuera y la corneta anuncia la “Marcha Real” y seguidamente “Señor de San Román”.
La voz de “Juli” entonces, es lo único que se escucha… -¡oído señores! ¡Izquierdo y tres mecías!- no se que se viviría fuera, ni las caras de los espectadores, solo se que aquel momento, un escalofrío recorría todo mi cuerpo y de seguro el de mis amigos que abrazados al varal, como cargando con aquel martirio de Jesucristo, se fundieron los metales con las mecidas cortas, los pasos con los golpes del tambor y nuestros corazones con las marchas.
Agradeceros a todos: Carlos Gaspar, Jorge, Alex, Juli, Vicente, Manu, Fran, Alberto y Carlos, por hacerme disfrutar como nunca lo había hecho y como siempre lo había querido. No olvidaré C/ Larios a los sones de “Alma de Dios” ni esas dos horitas ahí debajo disfrutando con vosotros. Gracias de corazón y por que os lo merecéis, por estar a mi lado en ese momento que empañó tan brillante tarde.
Gracias.

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